Detectar la impotencia para diagnosticar otras enfermedades

La disfunción eréctil, más conocida como impotencia, puede ser un indicador de riesgo de muerte prematura. Así lo han alertado algunos estudios en los últimos años, y ahora vuelve a constatarlo una nueva investigación publicada en el número del mes de noviembre de 2015 en la revista The Journal Sexual of Medicine. La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Mississippi (EEUU), añade que los pacientes con este trastorno deben ser examinados y tratar las posibles complicaciones que pueden aumentar el riesgo de muerte prematura.

La disfunción eréctil no sólo puede ser un problema sexual sino que detrás de ella pueden esconderse determinadas enfermedades, y el problema sexual actuaría como un signo de alarma. De ahí, la importancia añadida de consultarlo.

Los problemas de erección causan mucha angustia no sólo en el hombre que lo sufre sino también en la pareja, y merma la calidad de vida de ambos. Este hecho sería motivo más que suficiente para tratar este tema. Sin embargo, los médicos alertan desde hace tiempo de la importancia de consultar este problema, porque detrás de él se pueden esconder otras patologías.

"El problema de erección puede ser una primera manifestación de una patología vascular de pequeños vasos, un problema de la microcirculación", explica a EL MUNDO Enrique Lledó, de la Unidad de Andrología del Servicio de Urología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. "Lo que quieren decir los estudios es que la disfunción eréctil no conduce por sí sola una muerte prematura, sino que es un signo de alarma o de atención de la coexistencia de patología cardiovascular", aclara el especialista. De este modo, este trastorno se puede convertir en un signo de alarma que indica la necesidad de revisar el historial clínico.

Más riesgo de episodios cardiacos

Por el proceso fisiológico que está detrás de una una erección "cualquier patología que afecte a las pequeñas arterias del árbol vascular de todo el organismo va a afectar a la función eréctil", señala el doctor Natalio Cruz, coordinador nacional de Andrología de la Asociación Española de Urología (AEU). Así, la relación con diversos episodios cardiacos es clara: "se ha calculado que a los dos años de empezar a tener problemas de erección, una persona que tenga factores de riesgo cardiovasculares tiene mucha más probabilidades de sufrir un infarto de miocardio", además, "la incidencia de eventos cardiovasculares es cuatro veces superior en pacientes que han sufrido impotencia", afirma el doctor.

Hay que tener en cuenta una serie de factores de riesgo que influyen de manera directa en la salud cardiovascular como el colesterol, la diabetes, la obesidad, la tensión arterial, el tabaquismo y el sedentarismo.

La población de riesgo son los hombres mayores de 50 años, con problemas de erección y factores que conducen a trastornos cardiovasculares. En esos pacientes, que acuden a consulta por los problemas de erección, habría que hacer más esfuerzos por indagar en su historial clínico. Por tanto, "si una persona va a la consulta por problemas de erección y, además, se considera población de riesgo, es necesario que el médico o el urólogo indague sobre posibles alteraciones cardiacas con mayor motivo. Por ejemplo, es conveniente hacer preguntas acerca de cómo toleran el esfuerzo, si se cansan mucho al subir escaleras, si han tenido síntomas cardiocirculatorios, etc.", señala Lledó.

Es cierto que la edad es un factor importante, a más años, mayor probabilidad de problemas de erección y, por otro lado, a mayor edad, más probabilidad de episodios cardiacos. Sin embargo, afirma Cruz, "se ha visto que tener problemas de erección es un factor de riesgo independiente para sufrir problemas cardiovasculares. Es decir, que aunque seas joven, si tienes problemas de erección y, además, algún factor de riesgo cardiovascular, lo tienes que tratar igualmente".

Por tanto, hay que tener claro que sufrir impotencia puede ser un signo de que algo no va bien, y de que hay que cambiar determinados hábitos de vida (controlar el colesterol y la tensión, deja de fumar, evitar el sedentarismo, etc.). "Mejorando los factores de riesgo, mejora no sólo el cerebro y el corazón, sino también los problemas de erección en sí", indica Cruz.

Sólo el 20% se trata

La disfunción eréctil es, junto con la eyaculación precoz, una de las disyunciones sexuales más comunes en los hombres. En España, más de dos millones de hombres tienen este trastorno. Desglosando por tramos de edad, su incidencia se cifra aproximadamente entre el 2 y el 10% en hombres de entre 40 y 50 años; entre el 30 y el 40% en hombres que están entre los 60 y 70; y en más del 50% en mayores de 70 años.

Según explica Cruz, se trata generalmente de una patología asociada con la edad, más común en pacientes con diabetes, hipertensión, problemas neurológicos, cardiovasculares, prostáticos, o de colesterol. El tabaco y el alcohol también influyen en su aparición. Pero, ¿cuándo podemos hablar de patología? ¿Cómo saber cuando un hombre tiene esta disfunción? Cuando los problemas de erección son continuados en el tiempo y no te permite tener relaciones sexuales satisfactorias con tu pareja. En ese momento, es necesario acudir al médico porque es muy probable que detrás de estos síntomas haya una disfunción eréctil.

"No se trata de gatillazos puntuales, sino de tener problemas de erección durante un tiempo continuado y prolongado, sobre todo además, si tampoco se tienen erecciones espontáneas", explica Cruz. Si ocurre esto, es importante acudir bien al médico de cabecera, o directamente al urólogo.

A pesar de ser una de las disfunciones sexuales masculinas más frecuentes, es una patología infradiagnosticada y poco tratada, pues sólo el 20% consulta su problema. El motivo de no acudir a las consultas es, fundamentalmente, la vergüenza. Sin embargo, existen motivos más que suficientes para consultar y tratar esta disfunción sexual. "Es cierto que cada vez más hombres consultan estos problemas con su médico, pero es fundamental que todos lo hagan", concluye Cruz.

Fuente: www.elmundo.es/salud/