Acupuntura - Medicina tradicional china y moxibustión

 

Desde hace más de 5000 años, una filosofía animista comienza a andar desde Oriente.

La ciencia mecanicista es vigente desde hace 200 años, al finalizar la fiebre alquímica y comienza la química como resultado evolutivo.

La física coexistente en todo este proceso, continua perdida en experimentos simples buscando los valores más inmediatos de la vida cotidiana: pesos, medidas, distancias, características que desde el empirismo se fue abriendo camino, hasta los modernos sistemas de investigación y cierra un capítulo en lo pequeño al llegar a entender el átomo. Lo que comenzó siendo macrocosmo con NEWTON se transformó microscópico con el átomo. Y el intelecto occidental se quitó el complejo.

El mecanicismo había ganado la partida al vitalismo o animismo, imperante desde la cuna de la humanidad.

Pero el VITALISMO no había dicho su última palabra.

Oriente observaba, a través de su cultura filosófica y empírica el germen de esa ciencia del alma, tan difícil de catalogar con pesos y medidas.

Para abordar este conocimiento y mantenerlo vivo durante milenios, el estudio y observación debía centrarse en unas cualidades, más difícil si cabe que lo materialista, en las características del alma de las cosas.

Y un sistema de medida. El centro de todas las cualidades, el alma y su reflejo: la cualidad perceptiva.

Es de suponer, pues, que en etapas muy lejanas, la percepción se ocupará de la valoración de los elementos empáticos, hasta que se saturaran los canales de información.

Este salto desde la percepción como instrumento hacia la etapa siguiente es el hito más importante de la humanidad, al implicar el razonamiento filosófico, común en todas las culturas de más allá de los 4000 años. La griega incluida, la China, también.

Mientras la cultura griega sintetizaba en su MITOLOGIA, toda la información acerca de los contenidos perceptivos y sus contradicciones ligadas a la observación, psiquismo, por ejemplo, el concepto voluntad ligada a la evolución personal reflejada en la figura de Prometeo, arquetipo de lo humano, que transforma las fuerzas mágico-psíquicas en puramente humano-evolutivo y por tanto sujeto a tanteo, ensayo-error. Y a conocer las causas de los aciertos y fallos.

Las matemáticas como extensión de los razonamientos basados en la duda (filosofía), dieron el camino conducente a la actualidad, donde los elementos mensurables, sobrevivieron en la cadena trans-cultural occidental.

La filosofía encuentra en las matemáticas su espejo perceptivo.

¿Pero qué pasa en Oriente? La filosofía también se manejaba como carácter que busca interpretar las cualidades -formas-función, desarrollando para ello modelos que a diferencia de occidente que maneja formas y cualidades ligadas a las formas (Pitagóricas...) Oriente, confirma sus hallazgos desde un código binario, solo manejado en occidente, en la actualidad, con la informática y en la época de transición de lo religioso a lo científico por la inquisición. Sólo que la inquisición negaba la existencia de armonía, per se, al es establecer que los sexos diferentes no podían crecer hermanados en cualidades, al negar la feminidad-masculinidad como errores, lo mismo que la imagen divina, contaría al hombre por diferente y pura, negaba al hombre en conjunción armónica y espontanea con la divinidad.

 

 Con todas estas contradicciones, el camino binario de la información se alejó durante mucho tiempo, solo mantenido en el oscurantismo alquímico.

Oriente, librepensadora en estos conceptos, llegó profundamente al secreto binario con algo tan simple como el YING y el YANG, lo femenino y lo masculino en perfecta sincronizan microscópica y macroscópica.

No hay, por tanto, entendimiento de la mecánica filosófica oriental-china (hoy China la vemos como un todo, pero su evolución como cultura y territorio se ha dado con características parecidas a lo acontecido en occidente: conquista y asimilación, y algo común: el concepto unificador/diferenciador del ying y yang).

Este concepto en occidente metabolizó desde el concepto unificado religioso o desde el concepto democracia, intercambiándose cíclicamente, con el varapalo de algún dictador por medio.

Pues una vez creado el modelo 0-1: blanco negro; frío-calor; etc, era cuestión de aplicarlo. Y a través de las generaciones de pensadores-filósofos-perceptivos se establecieron las reglas que mueven el mundo vitalista de la materia.

La materia observada por un vitalista no es un pedazo de algo, es una cualidad que comporta interacción dinámica y adaptativa permanentemente, interaccionando con todos los elementos afines y no ejerciendo acción reacción con los desiguales, pero si competencias de suma o resta.

Es más parecido al funcionalismo del sonido que las reacciones iónicas o electrónicas en química.

Por tanto, y hoy entendemos mejor todo esto por los avances físicos-tecnológicos, los conceptos energéticos son los esfuerzos que hacen los sistemas para adaptarse tanto en las funciones atómicas-moleculares como estructurales. La energía, nace pues de la vibración que es el resultado de la interacción a pequeña o gran escala de los elementos constituyentes.

En este sentido los principios de la acupuntura serían los de capacitar esta interacción para encontrar su punto de armonía, en un plano físico y dinámico como son los seres vivos.

La MEDICINA TRADICIONAL CHINA, sería el compendio de conocimiento que permitiría la identificación de las desarmonías, mirándolo como un todo armónico-disarmónico, y lo que es más importante: la CONTRADICCIÓN.

No existe análisis profundo en valoración dinámico-vibracional (energética) sin la actuación del concepto: contradicción.

Este análisis vibracional-vitalista, del alma del problema, y del alma persona, y su resultado esclarecedor de la actuación terapéutica (en occidente, a esto se le llama diagnóstico), en medicina china el diagnóstico es demasiado lineal-rígido, preciso a su manera, pero difiere del energético por la interactividad, que permite una visión rígida (esto se entiende mejor con interpretaciones entresacadas de la física cuántica).


Claudio González Grueso