Aproximación a las defensas y su manera de trabajar

Basados en los principios energéticos

Los mecanismos defensivos del organismo, en una persona sana, están en completo estado de alerta y acción permanente. En una persona enferma, lo intenta. Los venenos acumulados por la cantidad y tiempo o por la calidad-tipo, hace que los sensores nerviosos o bioquímicos no encuentren la manera adecuada de hacer oír los mensajes de alarma, provocando un alejamiento cada vez mayor entre un organismo capaz de defenderse y ese mismo organismo con menos capacidad de reacción ante los tóxicos.

A medida que el tiempo transcurre y no se define el estado de salud se va generando un desequilibrio, que dentro de ciertos límites, según cada naturaleza, genera la enfermedad crónica o larvada, con el consiguiente desgaste de la fuerza vital. Mientras tanto, las fuerzas situadas a uno u otro bando siguen en el empeño de aumentar la influencia a costa del otro.

Las inflamaciones u otros procesos degenerativos son la expresión visible de la lucha por el equilibrio de cada uno de los contendientes, pero que en el fondo, lo que están provocando es un gran desequilibrio del sistema.

Los tratamientos basados en la energética, comprenden el estudio de los sistemas dañados, de los que se encuentran en lucha y son operativos y los que están cediendo a la presión de los movimientos metabólicos intoxicantes.

A veces la solución se encuentra en alterar la base tóxica del metabolismo por otra contraria, por ejemplo, ácido-base.
Otras, es necesario implicar a los mecanismos de defensas biológicos, locales.
Como ocurre en zonas concretas del organismo, una articulación, por ejemplo.

Pero, en ocasiones, cuando los procesos en el desequilibrio están muy avanzados, la solución pasa por implicar al mecanismo de la gran defensa, sin cuyo concurso la salud no podría ser restablecida.

En el caso de los trastornos metabólicos, la mejoría de los síntomas se efectúa con rapidez.
El paciente no nota reacción dolorosa menos en esta fase del proceso curativo.

En los procedimientos de tratamiento locales, la reacción está circunscrita a la zona afectada. La persona nota en la fase curativa trastornos locales (dolor, impotencia funcional)

Cuando los cambios biológicos se producen dentro de la categoría suficiente y SIEMPRE QUE LOS CAMBIOS GLOBALES SEAN LOS ADECUADOS PARA LA ACTUACION DEL MECANISMO DE LA GRAN DEFENSA, entonces se PRODUCE una reacción que engloba a todo el organismo, y por tanto se producen TRASTORNOS que se padecen por el paciente, COMO SI SE TRATARA DE UNA VERDADERA ENFERMEDAD.

Esta reacción suele durar de dos días hasta una semana. Los síntomas pueden ser de lo más variado, pero en cualquier caso, estarán relacionados con las zonas anatómicas afectadas o las funciones alteradas. Pero todos estos mecanismos no se producen si la vitalidad no es suficiente.

Ésta última aseveración explica porqué aparecen reacciones defensivas que se confunden con otros desequilibrios a los meses de comenzar el tratamiento. Incluso años después.


Claudio González Grueso